La miopía infantil y el uso de lentillas

De la miopía nadie se salva. Los niños en edades tempranas pueden generar esta anomalía o defecto del ojo que produce una visión borrosa. Cuando esto se produce, los especialistas suelen diferenciar 2 tipos de miopía infantil según el momento de aparición.

  • Miopía hereditaria: Los síntomas suelen aparecer a edades muy tempranas, entorno a los 4 e incluso a los 3 años de edad. Su causa se encuentra en la genética, ya que los niños heredan el defecto visual de sus padres o descendientes próximos.
  • Miopía escolar: En estos casos, la miopía suele aparecer entre los 5 y los  10 años de edad. Es decir, en los últimos años de la educación primaria o en los primeros cursos de la secundaria. De ahí que se le llame miopía escolar.

Los dos tipos de miopía infantil tienen como síntoma fundamental el no ver bien de lejos, aunque de cerca la visión suele ser la correcta. Con el paso del tiempo, conforme el niño va creciendo, suma progresivamente más dioptrías por lo que sus gafas correctoras deben actualizarse.  

La forma correcta de detectar tempranamente la miopía en niños es a través de las revisiones con el oftalmólogo. Sin embargo, es necesario que los padres y maestros estén muy atentos a las señales que hacen pensar que algo no va del todo bien en la visión de los niños. Algunas de estas señales pueden ser:

  • Se frota los ojos muy a menudo.
  • Se acerca excesivamente a los objetos como cuadernos o a la televisión.
  • Tiene dificultades para reconocer a los padres a media o larga distancia. 
  • El rendimiento escolar es inferior a la media.
  • Entorna demasiado los ojos para enfocar.
  • Se puede quejar de dolores continuos de cabeza.

Cuando tratamos la miopía en niños, siempre se habla de gafas y no de lentillas. Las lentes de contacto suelen parecer peligrosas y generan desconfianza. Los padres creen que se tratan de productos para adultos, pero los especialistas se han manifestado y estiman la edad correcta para comenzar con el uso de lentillas entre los 6 u 8 años. 

En edades tempranas, cuando aún se está aprendiendo a ponerse las lentillas, lo idóneo es el uso de lentillas diarias. Los niños no tendrán que llevar un control de higiene y no pasará nada si pierden una lente. Las lentillas desechables le agilizaran mucho el proceso de adaptación. Además pueden llegar a ser muy útiles si los niños practican determinadas actividades extraescolares o deportes para los que una óptima visión es indispensable y el uso de gafas podría interferir en la actividad.

Por tanto, son especialmente aconsejables en los deportes de contacto, o en acciones en las que se puedan producir caídas o roturas de gafas, con los daños oculares que podrían provocar. 

Si estás pensando en ponerle lentillas a tu hijo, lo correcto es acudir al oftalmólogo para que este se encargue del proceso de iniciación y adaptación.